Frédéric Fornos sj
Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa y del MEJ

Desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia – Julio 2016

Este mes el Papa Francisco nos invita a orar y comprometernos para que “sean respetados los pueblos indígenas amenazados en su identidad y hasta en su misma existencia”

Hace un mes estuve en México, con una comunidad indígena Otomí. Fue un momento muy fuerte por la sencillez y profundidad de su fe en Jesucristo. Me siento cercano a los pueblos originarios. Viví dos años en amazonia boliviana con el pueblo Moxos, en San Ignacio de Moxos. Fui profesor en la educación nacional de Véchejiriruwa, el idioma Mojeño e intenté que los jóvenes indígenas del centro jesuita del cual me ocupaba pudiran profundizar sus tradiciones y cultura. Era un idioma amenazado, menospreciado, que solo hablaban los mayores y que en 1992, cuando llegué, todavía no estaba enseñado en la escuela. Con una hermana Ursulina de Jesús, y la ayuda del Padre Jordá, hicimos una cartilla de alfabetización para que la gente aprendiese a leer y escribir su idioma, pero también para mantenerlo, pues un idioma es una manera de pensar, de ver el mundo. Un pueblo sin su idioma, como sin su tierra, muere. Al principio yo era profesor de francés, pero encontré que no tenía sentido enseñar este idioma cuando el propio idioma nativo no lo era. Reuniéndome con varios del Cabildo indigenal empecé pues a escribir una gramática básica y a introducir el véchéjiriruwa (“nuestro idioma”) en la escuela. Después me ayudó un Padre Jesuita (Olza) especialista de idiomas de la gran familia amazónica Arawak. Al principio hubo muchas resistencias, ataques y alguna amenaza, pero en el 93 tuve el apoyo del Gobierno Boliviano que inició el rescate de los idiomas indígenas. Es en Bolivia, con el pueblo Mojos (10 000 habitantes entonces para una superficie grande como Bélgica 38 000 Km) que descubrí la riqueza de las culturas indígenas y las amenazas sobre su identidad y existencia misma. ¡Cuánto desprecio, cuantas injusticias, cuanto sufrimiento pueden haber!

El Papa Francisco en su viaje a Ecuador, Bolivia y Perú, pero también México, en particular en Chiapas, ha perdido perdón “por las ofensas de la propia iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Los hijos de la Iglesia han contribuido a estas violencias y amenaza cultural, pero también, no hay que olvidarlo, han luchado al lado de los pueblos indígenas por el respeto de sus culturas, idiomas, tierras. Francisco recordaba «tantos obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y en paz…muchas veces acompañando a los indígenas y a los movimientos sociales incluso hasta el martirio«. Cuantos jesuitas – pues son los que conozco más – han dado sus vidas para proteger sus culturas e idiomas (pensemos en la experiencia de las misiones en Paraguay y hasta Chiquitos y Moxos, o las innumerables gramáticas, textos, biblias en los idiomas originarios) O pienso al apoyo de la Iglesia para la defensa de las tierras indígenas recuperadas por aserraderos sin escrúpulos, que también he visto. Todos los pueblos tienen derecho a existir y a salvaguardar y desarrollar su propia cultura. “Cuando las poblaciones indígenas se ven privadas de su tierra pierden un elemento vital de su existencia y corren el riesgo de desaparecer como pueblo”. Hoy día todavía “hay pueblos indígenas amenazados en su identidad y hasta en su misma existencia” por intereses económicos.

En San Cristóbal de las Casas Francisco dijo: “muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, perdón hermanos.”

En Evangelii Gaudium (La Alegria del Evangelio 209-210) Francisco nos recuerda que Jesús, el evangelizador por excelencia, el Evangelio en persona, se identifica especialmente con los más pequeños (cf. Mt25, 40), y menciona los pueblos indígenas en su fragilidad. En el Video del Papa de este mes también Francisco pide de todo su corazón que se puedan respetar a los pueblos indígenas amenazados en su identidad y su misma existencia. Aunque este desafío nos parezca lejano de nuestras preocupaciones cotidianas, abramos nuestras ventanas a estos horizontes para descubrir la riqueza cultural de estos pueblos y su cuidado de la Creación, nuestra “casa común”. Abramos nuestros corazones informándonos, orando, y movilizándonos con ellos.

Para que la Iglesia de América Latina y el Caribe, a través de la misión continental, anuncie con ímpetu y entusiasmo renovado el Evangelio.

He vivido dos años en Bolivia, fue para mí mi fundamento humano y espiritual. Algo de mi corazón está en América Latina. No solamente por haber vivido pero también porqué hice estudios hispano-americanos, descubriendo la diversidad de sus culturas e literatura. Hoy viajo mucho a América Latina y Caribe: el año pasado estuve en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Cuba, Haiti y Republica Dominicana. El mes pasado estaba en Centroamérica (Costa-Rica y El Salvador) pero también México y Ecuador, donde tuvimos el VIII Encuentro Latinoamericano de los directores de la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) y del MEJ. Y dentro de algunos días volveré a Brasil. ¿Por qué para nosotros América Latina es una prioridad? Por qué se nos ha pedido recrear este servicio pontifical llamado desde hace 170 años Apostolado de la Oración, y ahora conocido como Red Mundial de Oración del Papa. Y es mejor experimentar los nuevos caminos en un contexto favorable. América Latina es una tierra marcada por el Evangelio, sus pueblos lo respiran aunque a veces lo olviden, como olvidamos que respiramos. Se dice que habría un promedio de 80% de bautizados católicos.

Justamente el documento que habla de esta misión continental a la cual invita el Papa es el documento de Aparecida, el cual afirma “el don de la tradición católica es un cimiento fundamental de identidad, unidad y originalidad de América Latina y el Caribe: una realidad histórico-cultural marcada por el Evangelio de Cristo, realidad en la que abunda el pecado  – descuido de Dios, conductas viciosas, opresión, violencias, ingratitudes y miserias -, pero donde sobreabunda la gracia de la victoria pascual” (n°8). Esta identidad esta simbolizada con el rostro mestizo de Nuestra Señora de Guadalupe.

Es en este documento, que Francisco conoce muy bien (pues cuando era Cardenal fue responsable de la Comisión de redacción), donde se invita a anunciar “con ímpetu y entusiasmo renovado el Evangelio”. Necesitamos un nuevo dinamismo en la misión. En el documento de Aparecida está escrito: “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera” (n° 370). Esta conversión pastoral y misionera Francisco la ha inscrito en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La Alegria del Evangelio), donde hay numerosas citas del documento de Aparecida. El Papa invita todos los “discípulos misioneros” que somos a crecer como evangelizadores, o sea llevar el Evangelio, la Buena noticia a otros. Dice: “Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús (…). Miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: « ¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)” n°120. Sí, es el encuentro personal con Jesucristo que nos da “ímpetu y entusiasmo renovado” para anunciar el Evangelio. Como está escrito en el documento de Aparecida: “estamos llamados a ‘recomenzar desde Cristo’, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años”. Es ese encuentro personal con él, lo más cercano a él, a su corazón, que hace brotar de nosotros gratitud y alegría y energía con el deseo de compartir esta Buena noticia con los demás.

Este dinamismo misionero al cual invita el Papa Francisco en la intención para la evangelización de este mes, tiene pues que estar preparado por este encuentro personal y profundo con Jesús.

2017 será para toda la Red Mundial de Oración del Papa un año para la misión, al servicio de las parroquias. Propondremos un itinerario llamado “el camino del corazón” el cual ayuda a despertar nuestra capacidad misionera. ¿Cómo? Dando a descubrir, conocer y amar el Corazón de Jesús, fuente de la misión.

Para Radio Vaticano

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