El Santo Padre confía cada mes al Apostolado de la Oración dos intenciones de oración que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la Iglesia. Además de comprometerse a orar por ellas, el AO se hace responsable de difundirlas por el mundo y hacer que más personas acompañen al Papa en su oración. Orar junto a él es nuestro primer símbolo o expresión del compromiso del AO a favor de la misión de la Iglesia universal.

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Universal: La política.
Para que la responsabilidad política sea vivida a todos los niveles como una forma elevada de caridad.

Un buen cristiano participa activamente en la vida política y reza para que los políticos amen a su pueblo y le sirvan con humildad. Es la reflexión que propuso el Papa Francisco en la Eucaristía del lunes, 16 de septiembre.

Comentando el pasaje del Evangelio de Lucas (7, 1‐10), donde se narra la curación, por obra de Jesús, del siervo del centurión en Cafarnaún, el Pontífice subrayó «dos actitudes del gobernante». Él debe ante todo «amar a su pueblo. Los ancianos judíos dicen a Jesús: merece lo que pide porque ama a nuestro pueblo. Un gobernante que no ama no puede gobernar. Como mucho puede poner un poco de orden, pero no gobernar». Y para explicar el significado del amor que el gobernante debe a su pueblo, el Santo Padre recordó el ejemplo de David que desobedece a las reglas del censo sancionadas por la ley mosaica para subrayar la pertenencia de la vida de cada hombre al Señor (cf. Éxodo 30, 11‐12). Pero David, una vez comprendido su pecado, hizo lo posible para evitar el castigo a su pueblo. Y ello porque, si bien era pecador, amaba a su pueblo.

Para el Papa Francisco el gobernante debe ser también humilde como el centurión del Evangelio, que habría podido aprovecharse de su poder si hubiera pedido a Jesús que fuera adonde él, pero «era un hombre humilde y dijo al Señor: no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo.
Y con humildad: di una palabra y mi siervo quedará sano. Estas son las dos virtudes de un gobernante, así como nos hace pensar la palabra de Dios: amor al pueblo y humildad».

Así que «cada hombre y cada mujer que asume responsabilidades de gobierno debe hacerse estas dos preguntas: ¿yo amo a mi pueblo para servirle mejor? ¿Y soy humilde para oír las opiniones de los demás a fin de elegir el mejor camino?». Si ellos —subrayó el Pontífice— «no se hacen estas preguntas, su gobierno no será bueno».

Por la Evangelización Los pobres en América Latina.
Para que, ante las desigualdades sociales, los cristianos de América Latina den testimonio de amor a los pobres y contribuyan a una sociedad más fraterna.

 

Cuando hablamos de responsabilidad política, muchos pensamos en los gobiernos nacionales. Jesús parece más bien crítico acerca de ellos. Dice: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre ustedes » (Mc 10, 42). A los fariseos y a las autoridades del templo en Jerusalén los juzga de la misma manera: «Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas” (Mt 23, 4). Mirando el mundo de hoy, ¿qué diría Jesús? Creo que repetiría las mismas palabras. Podemos pensar en los bien conocidos dictadores y caudillos de África, China, Siria, Corea del Norte, y otros. Vemos líderes ricos extremadamente corruptos y una gran mayoría de pobres reprimidos. Las democracias occidentales son diferentes. Pero en ellas la gente juzga también a sus gobiernos de tener hambre de poder y de no cuidarse de los pobres. En Alemania hay un partido llamado UDC (Unión Demócrata Cristiana). Algunos dicen: Si los miembros de este partido fueran honestos, quitarían la C. A menudo se oye decir: Política y cristianismo son incompatibles. Desgraciadamente, sobre Economía y sus enormes empresas hay que decir lo mismo: otro campo de irresponsabilidad política.

El Papa Francisco lo pone en cuestión. Y tiene razón, por supuesto. La historia conoce muchos políticos y economistas genuinamente cristianos. Para ellos la política y el cristianismo van muy bien juntos. El Papa nos pide que creamos en el poder de la oración que puede hacer cambiar también a los otros políticos. Su ministerio, también, podría ser una «elevada forma de la caridad».

No es tarea fácil, ciertamente, pero ¡qué cambio no significaría para todo un país y para el mundo entero! Incluso el pequeño funcionario que tras su ventanilla nos fastidia, porque se cree un dios todopoderoso, puede cambiar mediante la oración. Este puede ser un buen punto de partida: rezar en vez de alimentar nuestra frustración e ira.

Otra idea práctica: Quizás podríamos formar un pequeño grupo de amigos. Discutamos qué político puede ser quien necesite más urgentemente de nuestras oraciones. Luego pidámosle al Señor que toque sus corazones.

Véase también otra cara para esta intención de oración: El Papa Francisco no cree en la oración sin acción. Nos llama a la oración y a la acción. Cada uno de nosotros tiene una cierta responsabilidad política: Como padre en una escuela, como feligrés, como trabajador en un municipio, como director de una empresa, etc.

Dondequiera que estemos, podemos actuar de forma egoísta o bien crecer y trabajar por el bien común, siendo como políticos responsables. La oración por nosotros mismos nos permitirá actuar así. Nos guiará para servir al bien común, junto con los políticos «de oficio». Nos ayudará a no dejarnos llevar del oído, de conjeturas y de rumores, sino a investigar y actuar a partir de hechos. De este modo, toda nuestra vida será una «una elevada forma de caridad».

P. Konrad Landsberg, sj
Secretario Nacional del AO en Zimbabwe