Venezuela, RMOP

Director Nacional - P. ALVARO LACASTA, S.J.

Address: Iglesia de San Francisco, Avenida Universidad, Caracas, Venezuela
Email: aporlacasta@hotmail.com
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El Amor que es vida
las claves de vivir para amar y amar para vivir.
¿ Es cierto que evolucionamos desde una sociedad basicamente "Solida" a una sociedad "Liquida".
primera parte - continuâ.
Tema del retiro efectuado en la residencia de los Padres Jesuitas
esquina pajaritos - el Silencio
el día 26 de octubre 2019.
Secretariado de la Red Mundial del papa (Apostolado dela Oración)
P: Alvaro Lacasta, S:J:
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El Amor que es vida
las claves de vivir para amar y amar para vivir.
¿ Es cierto que evolucionamos desde una sociedad basicamente Solida  a una sociedad Liquida.
primera parte - continuâ.
Tema del retiro efectuado en la residencia de los Padres Jesuitas
esquina pajaritos - el Silencio
el día 26 de octubre 2019.
Secretariado de la Red Mundial del papa (Apostolado dela Oración) 
P: Alvaro Lacasta, S:J:

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS
A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN -NOVIEMBRE 2019

Universal: Diálogo y reconciliación en el Cercano Oriente
“Para que en el Cercano Oriente, donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación”.
“Es tradición que los Papas, cuando viajan a otros países como parte de su misión, se encuentren también con las autoridades y las comunidades de otras religiones. Sin esta apertura al encuentro y al diálogo, una visita papal no respondería plenamente a su finalidad, como yo la entiendo, en la línea de mis venerados predecesores. En esta perspectiva, me complace recordar de manera especial el encuentro que tuvo el Papa Benedicto XVI en este mismo lugar, en noviembre de 2006.
En efecto, las buenas relaciones y el diálogo entre los dirigentes religiosos tienen gran importancia. Representa un claro mensaje dirigido a las respectivas comunidades para expresar que el respeto mutuo y la amistad son posibles, no obstante las diferencias. Esta amistad, además de ser un valor en sí misma, adquiere especial significado y mayor importancia en tiempos de crisis, como el nuestro, crisis que en algunas zonas del mundo se convierten en auténticos dramas para poblaciones enteras.
Hay efectivamente guerras que siembran víctimas y destrucción; tensiones y conflictos interétnicos e interreligiosos; hambre y pobreza que afligen a cientos de millones de personas; daños al ambiente natural, al aire, al agua, a la tierra.
La situación en el Medio Oriente es verdaderamente trágica, especialmente en Irak y Siria. Todos sufren las consecuencias de los conflictos y la situación humanitaria es angustiosa. Pienso en tantos niños, en el sufrimiento de muchas madres, en los ancianos, los desplazados y refugiados, en la violencia de todo tipo. Es particularmente preocupante que, sobre todo a causa de un grupo extremista y fundamentalista, enteras comunidades, especialmente – aunque no sólo – cristianas y yazidíes, hayan sufrido y sigan sufriendo violencia inhumana a causa de su identidad étnica y religiosa. Se los ha sacado a la fuerza de sus hogares, tuvieron que abandonar todo para salvar sus vidas y no renegar de la fe. La violencia ha llegado también a edificios sagrados, monumentos, símbolos religiosos y al patrimonio cultural, como queriendo borrar toda huella, toda memoria del otro.
Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos. La vida humana, don de Dios Creador, tiene un carácter sagrado. Por tanto, la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa, cultural o ideológica.
A la denuncia debe seguir el trabajo común para encontrar soluciones adecuadas. Esto requiere la colaboración de todas las partes: gobiernos, dirigentes políticos y religiosos, representantes de la sociedad civil y todos los hombres y mujeres de buena voluntad. En particular, los responsables de las comunidades religiosas pueden ofrecer la valiosa contribución de los valores que hay en sus respectivas tradiciones. Nosotros, los musulmanes y los cristianos, somos depositarios de inestimables riquezas espirituales, entre las cuales reconocemos elementos de coincidencia, aunque vividos según las propias tradiciones: la adoración de Dios misericordioso, la referencia al patriarca Abraham, la oración, la limosna, el ayuno... elementos que, vividos de modo sincero, pueden transformar la vida y dar una base segura a la dignidad y la fraternidad de los hombres. Señor Presidente, expreso nuevamente gratitud a usted y a sus colaboradores por este encuentro, que llena de gozo mi corazón. Agradezco también a todos ustedes su presencia y las oraciones que tendrán la bondad de ofrecer por mi servicio. Por mi parte, les aseguro que yo rogaré igualmente por ustedes. Que el Señor nos bendiga a todos.
Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

La intención del Papa para la oración de este mes se dirige a uno de los mayores dramas que actualmente sufre la humanidad: la guerra civil en Siria que está costando millares de víctimas y ha obligado a varios millones de personas, sobre todo cristianos, a huir fuera de su tierra, y la violencia en Irak, que sigue causando mucho dolor. Este drama muestra la crueldad de los dirigentes políticos que no piensan en su pueblo y a quienes solo les importa mantenerse en el poder. Las personas religiosas, sea cual sea su religión, podemos y debemos colaborar a que no se repitan situaciones como esa en nuestros países. ¿Cómo hacerlo? Con nuestra oración fervorosa y con nuestra acción solidaria con aquellos que sufren por causa de estas situaciones.
La vida humana tiene un carácter sagrado y ninguna ideología política o religiosa justifica la violencia. Los grupos terroristas como Boko Haram son rechazados por todas las naciones civilizadas. Hubo épocas en que se quiso obligar a todos a aceptar una misma fe religiosa y se castigaba a los que no lo aceptaban. Gracias a Dios, ya pasó esa época, pero sigue presente la violencia por motivos políticos. Los dirigentes religiosos son muy importantes para conseguir la paz, sobre todo en Medio Oriente, donde la religión sigue siendo el fundamento de la sociedad. El Papa enumera algunos de los valores comunes a los cristianos y a los musulmanes: la fe en un Dios único, la adoración en las iglesias y mezquitas, el ayuno, la oración y la limosna, como signo de amor y compasión hacia los necesitados. La cercanía afectiva, el trabajo bien hecho, la participación en instituciones que ayudan a los más necesitados… son expresión de los valores cristianos que tanto necesitamos en nuestro país. Vamos a pedirle este mes especialmente por la paz en el Medio Oriente y en todos aquellos países donde la violencia sigue activa.
P. Fco. Javier Duplá sj.
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INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS 
A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN -NOVIEMBRE 2019

Universal: Diálogo y reconciliación en el Cercano Oriente 
“Para que en el Cercano Oriente, donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación”.
“Es tradición que los Papas, cuando viajan a otros países como parte de su misión, se encuentren también con las autoridades y las comunidades de otras religiones. Sin esta apertura al encuentro y al diálogo, una visita papal no respondería plenamente a su finalidad, como yo la entiendo, en la línea de mis venerados predecesores. En esta perspectiva, me complace recordar de manera especial el encuentro que tuvo el Papa Benedicto XVI en este mismo lugar, en noviembre de 2006. 
En efecto, las buenas relaciones y el diálogo entre los dirigentes religiosos tienen gran importancia. Representa un claro mensaje dirigido a las respectivas comunidades para expresar que el respeto mutuo y la amistad son posibles, no obstante las diferencias. Esta amistad, además de ser un valor en sí misma, adquiere especial significado y mayor importancia en tiempos de crisis, como el nuestro, crisis que en algunas zonas del mundo se convierten en auténticos dramas para poblaciones enteras. 
Hay efectivamente guerras que siembran víctimas y destrucción; tensiones y conflictos interétnicos e interreligiosos; hambre y pobreza que afligen a cientos de millones de personas; daños al ambiente natural, al aire, al agua, a la tierra. 
La situación en el Medio Oriente es verdaderamente trágica, especialmente en Irak y Siria. Todos sufren las consecuencias de los conflictos y la situación humanitaria es angustiosa. Pienso en tantos niños, en el sufrimiento de muchas madres, en los ancianos, los desplazados y refugiados, en la violencia de todo tipo. Es particularmente preocupante que, sobre todo a causa de un grupo extremista y fundamentalista, enteras comunidades, especialmente – aunque no sólo – cristianas y yazidíes, hayan sufrido y sigan sufriendo violencia inhumana a causa de su identidad étnica y religiosa. Se los ha sacado a la fuerza de sus hogares, tuvieron que abandonar todo para salvar sus vidas y no renegar de la fe. La violencia ha llegado también a edificios sagrados, monumentos, símbolos religiosos y al patrimonio cultural, como queriendo borrar toda huella, toda memoria del otro. 
Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos. La vida humana, don de Dios Creador, tiene un carácter sagrado. Por tanto, la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa, cultural o ideológica. 
A la denuncia debe seguir el trabajo común para encontrar soluciones adecuadas. Esto requiere la colaboración de todas las partes: gobiernos, dirigentes políticos y religiosos, representantes de la sociedad civil y todos los hombres y mujeres de buena voluntad. En particular, los responsables de las comunidades religiosas pueden ofrecer la valiosa contribución de los valores que hay en sus respectivas tradiciones. Nosotros, los musulmanes y los cristianos, somos depositarios de inestimables riquezas espirituales, entre las cuales reconocemos elementos de coincidencia, aunque vividos según las propias tradiciones: la adoración de Dios misericordioso, la referencia al patriarca Abraham, la oración, la limosna, el ayuno... elementos que, vividos de modo sincero, pueden transformar la vida y dar una base segura a la dignidad y la fraternidad de los hombres. Señor Presidente, expreso nuevamente gratitud a usted y a sus colaboradores por este encuentro, que llena de gozo mi corazón. Agradezco también a todos ustedes su presencia y las oraciones que tendrán la bondad de ofrecer por mi servicio. Por mi parte, les aseguro que yo rogaré igualmente por ustedes. Que el Señor nos bendiga a todos. 
Francisco.

COMENTARIO PASTORAL

La intención del Papa para la oración de este mes se dirige a uno de los mayores dramas que actualmente sufre la humanidad: la guerra civil en Siria que está costando millares de víctimas y ha obligado a varios millones de personas, sobre todo cristianos, a huir fuera de su tierra, y la violencia en Irak, que sigue causando mucho dolor. Este drama muestra la crueldad de los dirigentes políticos que no piensan en su pueblo y a quienes solo les importa mantenerse en el poder. Las personas religiosas, sea cual sea su religión, podemos y debemos colaborar a que no se repitan situaciones como esa en nuestros países. ¿Cómo hacerlo? Con nuestra oración fervorosa y con nuestra acción solidaria con aquellos que sufren por causa de estas situaciones.
La vida humana tiene un carácter sagrado y ninguna ideología política o religiosa justifica la violencia. Los grupos terroristas como Boko Haram son rechazados por todas las naciones civilizadas. Hubo épocas en que se quiso obligar a todos a aceptar una misma fe religiosa y se castigaba a los que no lo aceptaban. Gracias a Dios, ya pasó esa época, pero sigue presente la violencia por motivos políticos. Los dirigentes religiosos son muy importantes para conseguir la paz, sobre todo en Medio Oriente, donde la religión sigue siendo el fundamento de la sociedad. El Papa enumera algunos de los valores comunes a los cristianos y a los musulmanes: la fe en un Dios único, la adoración en las iglesias y mezquitas, el ayuno, la oración y la limosna, como signo de amor y compasión hacia los necesitados. La cercanía afectiva, el trabajo bien hecho, la participación en instituciones que ayudan a los más necesitados… son expresión de los valores cristianos que tanto necesitamos en nuestro país. Vamos a pedirle este mes especialmente por la paz en el Medio Oriente y en todos aquellos países donde la violencia sigue activa.  
P. Fco. Javier Duplá sj.

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AMÉN AMÉN AMÉN

RETIRO RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA.
EFECTUADO DIA 26 DE OCTUBRE
CON EL PADRE ALVARO LACASTA SJ. DIRECTOR
NACIONAL (VENEZUELA)
TEMA: LOS DERECHOS DEL CORAZÓN.
" EL AMOR QUE ES VIDA".
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Me entero tarde,,,me lo perdi.-