Réseau de Prière du Pape Venezuela

P. Alvaro Lacasta, sj - Directeur National RMPP

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INTENCIONES DE ORACIONES DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - AGOSTO 2020

Intención de oración universal: El mundo del mar.

«Recemos por todas las personas que trabajan y viven del mar, entre ellos los marineros, los pescadores y sus familias».

“Con más del noventa por ciento del comercio mundial que transportan barcos de todo tipo, la dependencia de nuestra sociedad de la industria marítima es indiscutible. Sin la gente de mar, la economía mundial se detendría; y sin los pescadores, muchas partes del mundo sufrirían de hambre. Quisiera que mi aprecio y mi aliento llegasen a los marineros y pescadores que encontráis, muchos de los cuales trabajan por largos períodos, a miles de kilómetros de su país y de sus familias.

La vida del marinero o del pescador está marcada no solo por el aislamiento y la lejanía. A veces también está herida por vergonzosas experiencias de abuso e injusticia, por la insidia de los traficantes de personas; por el chantaje del trabajo forzoso. Otras veces, no reciben el salario que se les debe o son abandonados en puertos lejanos. Además de los peligros de la naturaleza ―tormentas y huracanes―, deben hacer frente a los de los hombres, como la piratería o los ataques terroristas. Surcan los océanos y los mares del mundo, desembarcan en puertos donde no siempre son bienvenidos. […]

[…]También gracias a vosotros, las personas más vulnerables pueden reencontrar la esperanza de un futuro mejor. Vuestro esfuerzo puede ayudarlas a no rendirse ante una vida precaria y a veces marcada por la explotación. Vuestra presencia en los puertos, tanto grandes como pequeños, debería ser en sí misma un recordatorio de la paternidad de Dios y del hecho de que ante Él todos somos hijos y hermanos; una referencia al valor primario de la persona humana antes y por encima de cualquier interés; y un incentivo para todos, comenzando por los más pobres, a esforzarse por la justicia y el respeto de los derechos fundamentales. Recordemos que «los hombres renovados por el amor de Dios son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre. Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos tienen entre sí» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 4).

FRANCISCO.

COMENTARIO PASTORAL

Cuando se piensa actualmente en los innumerables viajes entre países y continentes, nos vienen a la imaginación los miles de vuelos diarios que hay entre ellos, pero no los grandes desplazamientos en barco. Pensamos en ese transporte aéreo, ahora muy mermado por la pandemia del coronavirus. Pero, como dice el Papa, los barcos transportan el 90% de las mercancías de unos países a otros: alimentos, productos industriales, medicinas. Sin ese servicio de globalización tan importante habría más pobreza y carencias de las que ya hay actualmente. Los marineros realizan un imprescindible trabajo que tenemos que saber agradecer.

Durante muchos siglos fue un peligro la navegación por la práctica de la piratería, que no ha desaparecido totalmente en nuestros días. Es una práctica de saqueo de una nave a otra en aguas internacionales para robar su carga y, antiguamente, para exigir rescate por los pasajeros presos o esclavizarlos. Hoy día los medios de comunicación instantáneos protegen de esos abusos tan comunes en otras épocas. La prohibición de transportar petróleo para venderlo es una práctica negativa que debe acabarse pronto cuando cambie la política.

La vida de un marinero es muy especial. Si trabaja en los grandes buques, está lejos de sus familiares y de su patria durante meses. En los puertos donde recala es invitado con frecuencia al contrabando, a la prostitución y a la borrachera, y termina por encontrar normales unas prácticas que lo degradan como ser humano. Sus familias sufren de su alejamiento y a veces se acostumbran a ello, lo cual incide en el abandono de la educación de los hijos por parte del padre. También es verdad que ven otros países, otras culturas, otras maneras de vivir, paisajes muy diferentes de los acostumbrados, y eso les enriquece como personas.

La intención del apostolado de este mes de agosto reclama nuestra atención sobre esta profesión tan necesaria y tan difícil de ejercer. El Papa denuncia con fuerza: “La vida del marinero o del pescador está marcada no solo por el aislamiento y la lejanía. A veces también está herida por vergonzosas experiencias de abuso e injusticia, por la insidia de los traficantes de personas, por el chantaje del trabajo forzoso.” Tenemos que rogar a Dios para que abra las mentes y los corazones de los que ejercen responsabilidades directivas en este trabajo: los gobiernos, los dueños de
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INTENCIONES DE ORACIONES DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - AGOSTO 2020

Intención de oración universal: El mundo del mar.

«Recemos por todas las personas que trabajan y viven del mar, entre ellos los marineros, los pescadores y sus familias».

“Con más del noventa por ciento del comercio mundial que transportan barcos de todo tipo, la dependencia de nuestra sociedad de la industria marítima es indiscutible. Sin la gente de mar, la economía mundial se detendría; y sin los pescadores, muchas partes del mundo sufrirían de hambre. Quisiera que mi aprecio y mi aliento llegasen a los marineros y pescadores que encontráis, muchos de los cuales trabajan por largos períodos, a miles de kilómetros de su país y de sus familias.

La vida del marinero o del pescador está marcada no solo por el aislamiento y la lejanía. A veces también está herida por vergonzosas experiencias de abuso e injusticia, por la insidia de los traficantes de personas; por el chantaje del trabajo forzoso. Otras veces, no reciben el salario que se les debe o son abandonados en puertos lejanos. Además de los peligros de la naturaleza ―tormentas y huracanes―, deben hacer frente a los de los hombres, como la piratería o los ataques terroristas. Surcan los océanos y los mares del mundo, desembarcan en puertos donde no siempre son bienvenidos. […]

[…]También gracias a vosotros, las personas más vulnerables pueden reencontrar la esperanza de un futuro mejor. Vuestro esfuerzo puede ayudarlas a no rendirse ante una vida precaria y a veces marcada por la explotación. Vuestra presencia en los puertos, tanto grandes como pequeños, debería ser en sí misma un recordatorio de la paternidad de Dios y del hecho de que ante Él todos somos hijos y hermanos; una referencia al valor primario de la persona humana antes y por encima de cualquier interés; y un incentivo para todos, comenzando por los más pobres, a esforzarse por la justicia y el respeto de los derechos fundamentales. Recordemos que «los hombres renovados por el amor de Dios son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre. Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos tienen entre sí» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 4).

FRANCISCO.

COMENTARIO PASTORAL

Cuando se piensa actualmente en los innumerables viajes entre países y continentes, nos vienen a la imaginación los miles de vuelos diarios que hay entre ellos, pero no los grandes desplazamientos en barco. Pensamos en ese transporte aéreo, ahora muy mermado por la pandemia del coronavirus. Pero, como dice el Papa, los barcos transportan el 90% de las mercancías de unos países a otros: alimentos, productos industriales, medicinas. Sin ese servicio de globalización tan importante habría más pobreza y carencias de las que ya hay actualmente. Los marineros realizan un imprescindible trabajo que tenemos que saber agradecer.

Durante muchos siglos fue un peligro la navegación por la práctica de la piratería, que no ha desaparecido totalmente en nuestros días. Es una práctica de saqueo de una nave a otra en aguas internacionales para robar su carga y, antiguamente, para exigir rescate por los pasajeros presos o esclavizarlos. Hoy día los medios de comunicación instantáneos protegen de esos abusos tan comunes en otras épocas. La prohibición de transportar petróleo para venderlo es una práctica negativa que debe acabarse pronto cuando cambie la política.

La vida de un marinero es muy especial. Si trabaja en los grandes buques, está lejos de sus familiares y de su patria durante meses. En los puertos donde recala es invitado con frecuencia al contrabando, a la prostitución y a la borrachera, y termina por encontrar normales unas prácticas que lo degradan como ser humano. Sus familias sufren de su alejamiento y a veces se acostumbran a ello, lo cual incide en el abandono de la educación de los hijos por parte del padre. También es verdad que ven otros países, otras culturas, otras maneras de vivir, paisajes muy diferentes de los acostumbrados, y eso les enriquece como personas.

La intención del apostolado de este mes de agosto reclama nuestra atención sobre esta profesión tan necesaria y tan difícil de ejercer. El Papa denuncia con fuerza: “La vida del marinero o del pescador está marcada no solo por el aislamiento y la lejanía. A veces también está herida por vergonzosas experiencias de abuso e injusticia, por la insidia de los traficantes de personas, por el chantaje del trabajo forzoso.” Tenemos que rogar a Dios para que abra las mentes y los corazones de los que ejercen responsabilidades directivas en este trabajo: los gobiernos, los dueños de