Pope’s Prayer Network Venezuela

Fr. Alvaro Lacasta, sj - PWPN National Director

Address: Iglesia de San Francisco, Avenida Universidad, Caracas, Venezuela
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Web: http://apostolado.org.ve/

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INTENCIONES DE ORACIONES DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - FEBRERO 2020.

Intención de oración universal: Escuchar los gritos de los migrantes.
Recemos para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal sea escuchado y considerado.

“Para hacer frente y dar respuesta al fenómeno de la migración actual, es necesaria la ayuda de toda la Comunidad internacional, puesto que tiene una dimensión transnacional, que supera las posibilidades y los medios de muchos Estados. Esta cooperación internacional es importante en todas las etapas de la migración, desde el país de origen hasta el destino, como también facilitando el regreso y los tránsitos. En cada uno de estos pasos, el migrante es vulnerable, se siente solo y aislado. Tomar conciencia de esto es de importancia capital si se quiere dar una respuesta concreta y digna a este desafío humanitario.
Quisiera por último indicar que en la cuestión de la migración no están en juego solo “números”, sino “personas”, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos… Estas personas, que son hermanos y hermanas nuestros, necesitan una “protección continua”, independientemente del status migratorio que tengan. Sus derechos fundamentales y su dignidad deben ser protegidos y defendidos. Una atención especial hay que reservar a los migrantes niños, a sus familias, a los que son víctimas de las redes del tráfico de seres humanos y a aquellos que son desplazados a causa de conflictos, desastres naturales y de persecución. Todos ellos esperan que tengamos el valor de destruir el muro de esa “complicidad cómoda y muda” que agrava su situación de desamparo, y pongamos en ellos nuestra atención, nuestra compasión y dedicación.”

COMENTARIO

Tres son los países o regiones del mundo actual de los que huyen o se van muchos emigrantes: Siria, África subsahariana y Venezuela. La guerra civil en Siria y la persecución religiosa han obligado a muchos sirios, sobre todo si son cristianos, a emigrar. Del África subsahariana hace muchos años que vienen emigrando muchos hacia Europa, huyendo de la pobreza extrema. El fenómeno venezolano, único en la historia de nuestro país, ha empujado a más de cuatro millones de venezolanos a huir de la persecución política y a buscar mejores condiciones de vida fuera de un país destruido en su economía y cada vez más pobre. Los sentimientos de los que se van son terribles: abandono del lugar donde nacieron y vivieron desde niños y donde dejan parientes y amigos; incertidumbre de conseguir trabajo, muchas veces precario y provisional; exposición al engaño y al abuso de redes de traficantes de personas, de órganos humanos, que se aprovechan de la indefensión para hacer dinero sucio. Es un tráfico criminal inconcebible en un ser humano normal, que muestra hasta qué punto de bajeza y de maldad pueden llegar los hombres.
La intención del apostolado de la oración abarca a todos los migrantes en situación de indefensión, sea cual sea su religión, su raza y su nacionalidad, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos…. Hace falta la ayuda de toda la comunidad internacional, estructurada en organismos como la ONU y la OEA, que son los que mejor están equipados para denunciar los abusos y presionar a los gobiernos respectivos para que eso no ocurra. Tienen mérito, mucho mérito, los países que reciben a los migrantes, aunque es verdad que cuando su número es muy grande y el tiempo de asimilación muy corto, surgen problemas para alimentar y dar trabajo a tantos inmigrantes. La Iglesia está actuando bien en esos países y podemos apoyarla con oraciones y envíos materiales. No podemos ni queremos formar parte de ese muro de complicidad cómoda y muda, que denuncia el Papa. Hay familias que se deshacen, que dejan a los niños pequeños con sus abuelos, para poder reclamarlos después cuando consigan trabajo. Si llegan hasta nosotros personas con situaciones semejantes, necesitadas de ayuda espiritual y económica, no cerremos nuestros brazos ni nuestros corazones.
P. Fco. Javier Duplá sj..
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INTENCIONES DE ORACIONES DEL SANTO PADRE CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - FEBRERO 2020.

Intención de oración universal: Escuchar los gritos de los migrantes.
Recemos para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal sea escuchado y considerado.

“Para hacer frente y dar respuesta al fenómeno de la migración actual, es necesaria la ayuda de toda la Comunidad internacional, puesto que tiene una dimensión transnacional, que supera las posibilidades y los medios de muchos Estados. Esta cooperación internacional es importante en todas las etapas de la migración, desde el país de origen hasta el destino, como también facilitando el regreso y los tránsitos. En cada uno de estos pasos, el migrante es vulnerable, se siente solo y aislado. Tomar conciencia de esto es de importancia capital si se quiere dar una respuesta concreta y digna a este desafío humanitario. 
Quisiera por último indicar que en la cuestión de la migración no están en juego solo “números”, sino “personas”, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos… Estas personas, que son hermanos y hermanas nuestros, necesitan una “protección continua”, independientemente del status migratorio que tengan. Sus derechos fundamentales y su dignidad deben ser protegidos y defendidos. Una atención especial hay que reservar a los migrantes niños, a sus familias, a los que son víctimas de las redes del tráfico de seres humanos y a aquellos que son desplazados a causa de conflictos, desastres naturales y de persecución. Todos ellos esperan que tengamos el valor de destruir el muro de esa “complicidad cómoda y muda” que agrava su situación de desamparo, y pongamos en ellos nuestra atención, nuestra compasión y dedicación.” 

COMENTARIO

Tres son los países o regiones del mundo actual de los que huyen o se van muchos emigrantes: Siria, África subsahariana y Venezuela. La guerra civil en Siria y la persecución religiosa han obligado a muchos sirios, sobre todo si son cristianos, a emigrar. Del África subsahariana hace muchos años que vienen emigrando muchos hacia Europa, huyendo de la pobreza extrema. El fenómeno venezolano, único en la historia de nuestro país, ha empujado a más de cuatro millones de venezolanos a huir de la persecución política y a buscar mejores condiciones de vida fuera de un país destruido en su economía y cada vez más pobre. Los sentimientos de los que se van son terribles: abandono del lugar donde nacieron y vivieron desde niños y donde dejan parientes y amigos; incertidumbre de conseguir trabajo, muchas veces precario y provisional; exposición al engaño y al abuso de redes de traficantes de personas, de órganos humanos, que se aprovechan de la indefensión para hacer dinero sucio. Es un tráfico criminal inconcebible en un ser humano normal, que muestra hasta qué punto de bajeza y de maldad pueden llegar los hombres.
La intención del apostolado de la oración abarca a todos los migrantes en situación de indefensión, sea cual sea su religión, su raza y su nacionalidad, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos…. Hace falta la ayuda de toda la comunidad internacional, estructurada en organismos como la ONU y la OEA, que son los que mejor están equipados para denunciar los abusos y presionar a los gobiernos respectivos para que eso no ocurra. Tienen mérito, mucho mérito, los países que reciben a los migrantes, aunque es verdad que cuando su número es muy grande y el tiempo de asimilación muy corto, surgen problemas para alimentar y dar trabajo a tantos inmigrantes. La Iglesia está actuando bien en esos países y podemos apoyarla con oraciones y envíos materiales. No podemos ni queremos formar parte de ese muro de complicidad cómoda y muda, que denuncia el Papa. Hay familias que se deshacen, que dejan a los niños pequeños con sus abuelos, para poder reclamarlos después cuando consigan trabajo. Si llegan hasta nosotros personas con situaciones semejantes, necesitadas de ayuda espiritual y económica, no cerremos nuestros brazos ni nuestros corazones.
P. Fco. Javier Duplá sj..

RETIRO
DÍA 30-11-2019

PRIMERA REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN
COMER Y BEBER JUNTOS
Y VIVIR EN PAZ

La presente reflexión está en función de presentar una serie de mínimas virtudes que resultan imprescindibles para que la humanidad se mantenga unida y en paz en esta fase planetaria de la humanidad.
Pensar, dedicar un tiempo del retiro tiene sentido si ello sirve para estimular nuestra voluntad.
Más importante aún que saber qué son las virtudes es vivirlas y ser modelo de las mismas.
Este tema trata de combinar la reflexión teórica (para ver con más claridad) con las aplicaciones prácticas (para obrar de una manera convincente).
Comer y Beber juntos –esto es la comensalidad, son actividades primordiales de la humanidad. Si hacemos esto, no sólo alimentamos nuestros cuerpos, sino que alimentaremos nuestro espíritu.
Comer y Beber son ritos cargados de profundo significado. Y es a través de los signos y de los ritos como revelamos nuestra humanidad y el grado de civilización que hemos alcanzado.
Actualmente más de la mitad de la humanidad no tiene posibilidades de comer y beber de un modo mínimamente humano: esto es un escándalo que constituye uno de los escándalos, de los más grandes problemas éticos y políticos y supone para la humanidad bien alimentada una acusación de insensibilidad, de impiedad y barbarie. Pregunta obligada: ¿Qué estrategias habría que seguir para que todos pudiéramos sentarnos a la mesa común como hermanos y hermanas para comer y beber juntos?
El término y el objetivo final de la hospitalidad, la convivencia, la tolerancia y la comensalidad no es otro que la PAZ. Pero la paz no como una tregua en un conflicto bélico, sino como un resultado de un proceso de construcción que comienza en las profundidades de los Derechos del Corazón Humano, y que se extiende por las comunidades, se establece en las sociedades y se arraiga en Dios. Lo que se trata de alcanzar es una cultura de PAZ, la cual será al mismo tiempo una meta. Sólo unos medios pacíficos pueden alcanzar la paz. La cultura de la paz crea una atmósfera de benevolencia, amistad y amor capaz de transformar los conflictos en tensiones positivas, y las divergencias en oportunidades para la convergencia en la adversidad. No hemos encontrado una definición de la paz más acertada que la que ofrece la carta de la Tierra: <<la plenitud creada por unas relaciones correctas con uno mismo, con otras vidas, con la Tierra y con el Todo más grande del que formamos parte>>.
Comer y beber juntos: La Comensalidad.
La culminación del proceso de hospitalidad, convivencia y tolerancia se alcanza con la comensalidad. “COMENSALIDAD” significa comer y beber juntos. Todos se sientan a la mesa, como comensales, para comer y beber, comulgar y celebrar o estar juntos en la misma Casa Común, como la gran familia humana que se congrega, hermanos y hermanas todos unos de otros, juntos con los demás seres de la creación. Es un sueño en realidad. Un sueño siempre soñado por la humanidad entera y por los grandes maestros espirituales, como Jesús de Nazaret, y otros muchos. Y como sueño anticipado parcialmente de una realidad que puede hacerse verdaderamente real.
La mesa, en torno a la cual se realiza la comensalidad, es una de las referencias más fundamentales de la familiaridad humana. En la mesa se hacen y rehacen continuamente las relaciones familiares.
La mesa antes que ser mueble, remite a una experiencia y a un rito. Representa el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la fraternidad. Se comparte el alimento y, junto con él, se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar sin disfraces y la comunión directa, que se traducen en la espontaneidad de los comentarios sobre las realidades cotidianas y de las opiniones sin censura en torno a los acontecimientos de la historia nacional o internacional. A la mesa, además de los familiares, pueden sentarse los amigos y los invitados. Es en la mesa donde todos, de alguna manera, nos sentimos miembros de la familia humana.
Los alimentos, son algo más que realidades materiales. Son símbolos del encuentro y de la comunión. El alimento es apreciado, y acerca de él se hacen comentarios. La mayor alegría de la madre o de la cocinera es percibir la alegría de los comensales. Gesto importante en la mesa es servir o pasar la comida al otro. El compartimiento civilizado hace que todos se sirvan mutuamente, procurando que la comida alcance para todos.
Para no incurrir en excesivos romanticismos debemos reconocer que la mesa es también un lugar de tensiones y conflictos materiales, donde se discuten abiertamente las cosas. Se explicitan las diferencias y se pueden establecer ajustes pero donde también se producen silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. La mesa es mesa humana, con todas las contradicciones que la humanidad conlleva. La cultura contemporánea ha modificado de tal manera la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y la productividad que ha hecho que se debilitara la referencia simbólica de la mesa, la cual ha quedado reservada prácticamente para los domingos, y para los momentos esenciales de fiesta o de aniversario, cuando toda la familia se encuentra. Pero por lo general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia.
La mesa familiar ha sido sustituida por otras mesas absolutamente desacralizadas: la mesa de negociación, la mesa del juego, la mesa de la discusión, la mesa del diálogo, la mesa del debate, la mesa del cambio y la mesa de concertación de intereses, entre otras. Sin embargo, a pesar de estar sacralizadas, estas distintas mesas son ellas lugares de encuentro entre personas.
Es posible sentarse a la mesa para efectuar un cambio, una negociación, una concertación y definición de soluciones que satisfagan a las partes implicadas y es posible también levantarse y abandonar la mesa y que ello signifique el fracaso de las negociaciones y el reconocimiento del conflicto de intereses. La mesa encarna todas estas contradicciones.
A pesar de estas dificultades, necesitamos rescatar el sentido humano de la mesa como familiaridad y comensalidad. A este respecto, conviene reservar espacios de tiempo para la mesa en el sentido de comensabilidad y de conversación libre y desinteresada, porque es una de las fuentes permanentes de rehacimiento de la humanidad en su sentido más pleno.

RELATOS DE COMENSALIDAD

Recordemos la memoria de la comensalidad, presente en las diversas culturas. Comencemos por la cultura judeo cristiana que nos resulta más familiar. Hay en dicha cultura un aspecto central- la del Reino de Dios, contenido primordialmente del mensajero de Jesús- que se representa como un banquete al que todos son convidados. Todos con independencia de su situación moral, se sientan a la mesa. Así se expresa Jesús, el Nazareno:

“El Reino de los cielos es semejante a un Rey que celebra el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda… y les dijo: “Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda”. Salieron los siervos a los caminos, reunieron a todos los que encontraron malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales” (Mt 22, 2-3.9-10). Este es el primer relato. El otro relato nos viene de Oriente. Seguidamente, pocas historias iluminan mejor que esta en qué consiste la Comensalidad. El hecho de comer juntos, en solidaridad unos con otros, representa la suprema realización humana, llamada “cielo”.

Lo contrario que es comer de manera egoísta, cada uno para sí, sin contar con los demás, realiza la suprema frustración humana llamada <<infierno>>. Vamos a oír la leyenda:

<<Un discípulo preguntó al vidente:“Maestro, ¿cuál es la diferencia entre el cielo, la Comensalidad de los hijos e hijas de Dios, y su contrario?” Y el vidente respondió:“Es una diferencia muy pequeña, pero muy de serias consecuencias. Vi en cierta ocasión a unos comensales sentados a una mesa en la que había una gran cantidad de arroz. Todos estaban hambrientos, casi muriéndose de hambre. Todos intentaban acercarse al arroz, pero no lo lograban. Con sus largos palillos de más de un metro de largo, trataban de llevarse el arroz a la boca. Pero, por más que lo intentaban, no lo conseguían, porque los palillos eran demasiado largos. Y así, hambrientos y solitarios, no dejaban de debilitarse, a causa de su hambre insaciable y sin fin. Eso era el infierno, la negociación de toda comensalidad.

Pero vi también una escena maravillosa, en la que unas personas estaban también sentadas a una mesa en la que había así mismo una gran cantidad de arroz humeante. Todos estaban hambrientos, pero, ¡oh maravilla!, cada uno tomaba el arroz con sus palillos y lo acercaban a la boca del otro. Unos y otros se servían mutuamente con enorme cordialidad. Juntos y solidarios. Todos tratando de que se saciaran los demás y sintiéndose como hermanos y hermanas en torno a la gran mesa del Tao. Aquello era el cielo, la plana comensalidad de los hijos e hijas de la Tierra”>>.
Esta parábola no requiere comentario, porque su contenido es del todo evidente. Por desgracia una gran parte de la humanidad está hoy hambrienta y desesperada, pues son poquísimas las personas que emplean hoy los palillos para saciarse mutuamente unas a otras con los abundantes alimentos de la mesa de la Tierra. Los ricos se apropian privadamente de ellos y comen solos, sin reparar en quiénes están excluidos. Si al menos permitieran que de su mesa cayeran unas migajas para que los hambrientos se las disputaran a los perros… Pero ni siquiera eso son capaces de hacerlo. Existe una criminal falta de comensalidad entre los humanos y por eso estamos tan carentes de humanidad.

Es comiendo y bebiendo juntos como los seres humanos mejor celebran la alegría de vivir. ¿De qué sirve acogernos unos a otros hospitalariamente, convivir humanamente, respetarnos mutuamente y tolerarnos pacientemente, Si no somos capaces de comer y beber juntos y, de ese modo garantizar colectivamente la reproducción, con la generosidad, el carácter festivo y la jovialidad que son propios de tal acontecimiento? Es decir, a fin de cuentas, como en el Reino de Dios, la mesa está puesta para que los comensales celebren finalmente el reencuentro en casa.

Aún estamos lejos de hacer realidad este sueño. Somos parte de una humanidad flagelada en la hay ochocientos millones de personas que pasan hambre, casi dos millones de desnutridos, mil millones de personas sin agua potable suficiente, y dos mil millones sin agua debidamente tratadas.

El 11 de septiembre de 2001 cuando unos terroristas hicieron estrellarse dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York y otro avión contra el Pentágono en Washington, murieron cerca de 3.000 personas. Aquello fue una atrocidad que paralizó a la humanidad.

Aquel mismo día, 16.400 niños menores de cinco años murieron de hambre y de desnutrición: una cifra cinco veces superior a la de las víctimas del terrorismo. Al día siguiente y en los restantes días sucesivos durante un año, 12 millones de niños fueron víctimas del hambre, y nadie pareció sentirse aterrado ante semejante catástrofe humana.

Debido al hambre existente, cada vez mayor, necesitamos urgentemente tratar de la comensalidad, fieles a las tradiciones utópicas de la humanidad y a una comprensión espiritual de la vida y del pan necesario, que no le puede ser negado a ningún hijo e hija de la Tierra.

************

EL HAMBRE COMO PROBLEMA ÉTICO Y MORAL

Las dos innovaciones básicas de la revolución –la agricultura y la cría de animales- sigue estando hoy en nuestra economía. Evidentemente, se han sofisticado en nuestra economía. Evidentemente, se han sofisticado los medios y se han hecho muy complejas las relaciones de producción, pero lo que se persigue es lo mismo: producir excedentes que garanticen la vida humana y hacer sostenible toda la cadena de la vida, en la que se inserta el ser humano un eslabón más.
El desafío siempre ha sido enorme porque la necesidad de satisfacer la demanda de alimentos nunca puede ser realmente atendida, bien por razones de clima, de la fertilidad del suelo o de organización social. Con la excepción de las primeras generaciones, en que la población humana era escaza había sobreabundancia de pescado, aves, frutos y semillas, siempre ha habido hambre a lo largo de la historia. La distribución de los alimentos siempre ha sido desigual a pesar de la intrínsica comensabilidad de la naturaleza humana.

El flagelo del hambre no constituye próximamente un problema técnico. Existe técnicas de producción extraordinariamente eficaces y la producción de alimentos es superior al crecimiento de la población mundial, pero están pesimamente distribuidas. 20% de la humanidad dispone por mal disfrute del 80% de los medios de vida, mientras que un 80% de la humanidad debe centrarse tan solo con el 20% de dichos recursos vitales. La distribución es, pues, desigual, injusta y pecaminosa.
Como ya dijo Gandhi, esa pobreza que es producto del hombre “constituye un insulto; es una pobreza que envilece, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu… cuando no la propia alma; es la forma de violencia más asesina que existe”.
Lo que ocasiona, esta perversa situación es la falta de sensibilidad ética
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RETIRO
DÍA 30-11-2019

PRIMERA REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN
COMER Y BEBER JUNTOS 
Y VIVIR EN PAZ

La presente reflexión está en función de presentar una serie de mínimas virtudes que resultan imprescindibles para que la humanidad se mantenga unida y en paz en esta fase planetaria de la humanidad.
Pensar, dedicar un tiempo del retiro tiene sentido si ello sirve para estimular nuestra voluntad. 
Más importante aún que saber qué son las virtudes es vivirlas y ser modelo de las mismas.
Este tema trata de combinar la reflexión teórica (para ver con más claridad) con las aplicaciones prácticas (para obrar de una manera convincente).
Comer y Beber juntos –esto es la comensalidad, son actividades  primordiales de la humanidad. Si hacemos esto, no sólo alimentamos nuestros cuerpos, sino que alimentaremos nuestro espíritu.
Comer y Beber son ritos cargados de profundo significado. Y es a través de los signos y de los ritos como revelamos nuestra humanidad y el grado de civilización que hemos alcanzado.
Actualmente más de la mitad de la humanidad no tiene posibilidades de comer y beber de un modo mínimamente humano: esto es un escándalo  que constituye uno de los escándalos, de los más grandes problemas éticos y políticos y supone para la humanidad bien alimentada una acusación de insensibilidad, de impiedad y barbarie. Pregunta obligada: ¿Qué estrategias habría que seguir para que todos pudiéramos sentarnos a la mesa común como hermanos y hermanas para comer y beber juntos?
El término y el objetivo final de la hospitalidad, la convivencia, la tolerancia y la comensalidad no es otro que la PAZ. Pero la paz no como una tregua en un conflicto bélico, sino como un resultado de un proceso de construcción que comienza en las profundidades de los Derechos del Corazón Humano, y que se extiende por las comunidades, se establece en las sociedades y se arraiga en Dios. Lo que se trata de alcanzar es una cultura de PAZ, la cual será al mismo tiempo una meta. Sólo unos medios pacíficos pueden alcanzar la paz.  La cultura de la paz crea una atmósfera  de benevolencia, amistad y amor capaz de transformar los conflictos en tensiones positivas, y las divergencias en oportunidades para la convergencia en la adversidad. No hemos encontrado una definición de la paz más acertada que la  que ofrece la carta de la Tierra: .
Comer y beber juntos: La Comensalidad.
La culminación del proceso de hospitalidad, convivencia y tolerancia se alcanza con la comensalidad. “COMENSALIDAD” significa comer y beber juntos. Todos se sientan a la mesa, como comensales, para comer y beber, comulgar y celebrar o estar juntos en la misma Casa Común, como la gran familia humana que se congrega, hermanos y hermanas todos unos de otros, juntos con los demás seres de la creación. Es un sueño en realidad. Un sueño siempre soñado por la humanidad entera y por los grandes maestros espirituales, como Jesús de Nazaret, y otros muchos. Y como sueño  anticipado parcialmente de una realidad que puede hacerse verdaderamente real.
La mesa, en torno a la cual se realiza la comensalidad, es una de las referencias más fundamentales de la familiaridad humana. En la mesa se hacen y rehacen continuamente las relaciones familiares.
 La mesa antes que ser mueble, remite a una experiencia y a un rito. Representa el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la fraternidad. Se comparte el alimento y, junto con él, se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar sin disfraces y la  comunión directa, que se traducen en la espontaneidad de los comentarios sobre las realidades cotidianas y de las opiniones sin censura en torno a los acontecimientos de la historia nacional o internacional. A la mesa, además de los familiares, pueden sentarse los amigos y los invitados. Es en la mesa donde todos, de alguna manera, nos sentimos miembros de la familia humana.
Los alimentos, son algo más que realidades materiales. Son símbolos del encuentro y de la comunión. El alimento es apreciado, y acerca de él se hacen comentarios. La mayor alegría de la madre o de la cocinera es percibir la alegría de los comensales. Gesto importante en la mesa es servir o pasar la comida al otro. El compartimiento civilizado hace que todos se sirvan mutuamente, procurando que la comida alcance para todos.
Para no incurrir en excesivos romanticismos debemos reconocer que la mesa es también un lugar de tensiones y conflictos materiales, donde se discuten abiertamente las cosas. Se explicitan las diferencias y se pueden establecer ajustes pero donde también se producen silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. La mesa es mesa humana, con todas las contradicciones que la humanidad conlleva. La cultura contemporánea ha modificado de tal manera la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y la productividad que ha hecho que se debilitara la referencia simbólica de la mesa, la cual ha quedado reservada prácticamente para los domingos, y para los momentos esenciales de fiesta o de aniversario, cuando toda la familia se encuentra. Pero por lo general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia.
La mesa familiar ha sido sustituida por otras mesas absolutamente desacralizadas: la mesa de negociación, la mesa del juego, la mesa de la discusión, la mesa del diálogo, la mesa del debate, la mesa del cambio y la mesa de concertación de intereses, entre otras. Sin embargo, a pesar de estar sacralizadas, estas distintas mesas son ellas lugares de  encuentro entre personas.
Es posible sentarse a la mesa para efectuar un cambio, una negociación, una concertación y definición de soluciones que satisfagan a las partes implicadas y es posible también levantarse y abandonar la mesa y que ello signifique el fracaso de las negociaciones y el reconocimiento del conflicto de intereses. La mesa encarna todas estas contradicciones.
A pesar de estas dificultades, necesitamos rescatar el sentido humano de la mesa como familiaridad y comensalidad. A este respecto, conviene reservar espacios de tiempo para la mesa en el sentido de comensabilidad y de conversación libre y desinteresada, porque es una de las fuentes permanentes de rehacimiento de la humanidad en su sentido más pleno.

RELATOS DE COMENSALIDAD

Recordemos la memoria de la comensalidad, presente en las diversas culturas. Comencemos por la cultura judeo cristiana que nos resulta más familiar. Hay en dicha cultura un aspecto central- la del Reino de Dios, contenido primordialmente del mensajero de Jesús- que se representa como un banquete al que todos son convidados. Todos con independencia de su situación moral, se sientan a la mesa. Así se expresa Jesús, el Nazareno:

“El Reino de los cielos es semejante a un Rey que celebra el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda… y les dijo: “Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda”. Salieron los siervos a los caminos, reunieron a todos los que encontraron malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales” (Mt 22, 2-3.9-10). Este es el primer relato. El otro relato nos viene de Oriente. Seguidamente, pocas historias iluminan mejor que esta en qué consiste la Comensalidad. El hecho de comer juntos, en solidaridad unos con otros, representa la suprema realización humana, llamada “cielo”.

Lo contrario que es comer de  manera egoísta, cada uno para sí, sin contar con los demás, realiza la suprema frustración humana llamada . Vamos a oír la leyenda:

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Esta parábola no requiere comentario, porque su contenido es del todo evidente. Por desgracia una gran parte de la humanidad está hoy hambrienta y desesperada, pues son poquísimas las personas que emplean hoy los palillos para saciarse mutuamente unas a otras con los abundantes alimentos de la mesa de la Tierra. Los ricos se apropian privadamente de ellos y comen solos, sin reparar en quiénes están excluidos. Si al menos permitieran que de su mesa cayeran unas migajas para que los hambrientos se las disputaran a los perros… Pero ni siquiera eso son capaces de hacerlo. Existe una criminal falta de comensalidad entre los humanos y por eso estamos tan carentes de humanidad.

Es comiendo y bebiendo juntos como los seres humanos mejor celebran la alegría de vivir. ¿De qué sirve acogernos unos a otros hospitalariamente, convivir humanamente, respetarnos mutuamente y tolerarnos pacientemente, Si no somos capaces de comer y beber juntos y, de ese modo garantizar colectivamente la reproducción, con la generosidad, el carácter festivo y la jovialidad que son propios de tal acontecimiento? Es decir, a fin de cuentas, como en el Reino de Dios, la mesa está puesta para que los comensales celebren finalmente el reencuentro en casa.

Aún estamos lejos de hacer realidad este sueño. Somos parte de una humanidad flagelada en la hay ochocientos millones de personas que pasan hambre, casi dos millones de desnutridos, mil millones de personas sin agua potable suficiente, y dos mil millones sin agua debidamente tratadas.

El 11 de septiembre de 2001 cuando unos terroristas hicieron estrellarse dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York y otro avión contra el Pentágono en Washington, murieron cerca de 3.000 personas. Aquello fue una atrocidad que paralizó a la humanidad.

Aquel mismo día, 16.400 niños menores de cinco años murieron de hambre y de desnutrición: una cifra cinco veces superior a la de las víctimas del terrorismo. Al día siguiente y en los restantes días sucesivos durante un año, 12 millones de niños fueron víctimas del hambre, y nadie pareció sentirse aterrado ante semejante catástrofe humana.

Debido al hambre existente, cada vez mayor, necesitamos urgentemente tratar de la comensalidad, fieles a las tradiciones utópicas de la humanidad y a una comprensión espiritual de la vida y del pan necesario, que no le puede ser negado a ningún hijo e hija de la Tierra.

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EL HAMBRE COMO PROBLEMA ÉTICO Y MORAL

Las dos innovaciones básicas de la revolución –la agricultura y la cría de animales- sigue estando hoy en nuestra economía. Evidentemente, se han sofisticado en nuestra economía. Evidentemente, se han sofisticado los medios y se han hecho muy complejas  las relaciones de producción, pero lo que se persigue es lo mismo: producir excedentes que garanticen la vida humana y hacer sostenible toda la cadena de la vida, en la que se inserta el ser humano un eslabón  más. 
El desafío siempre ha sido enorme porque la necesidad de satisfacer la demanda de alimentos nunca puede ser realmente atendida, bien por razones de clima, de la fertilidad del suelo o de organización social. Con la excepción de las primeras generaciones, en que la población humana era escaza había sobreabundancia de pescado, aves, frutos y semillas, siempre ha habido hambre a lo largo de la historia.  La distribución de los alimentos siempre ha sido desigual a pesar de la intrínsica  comensabilidad  de la naturaleza humana.

El flagelo del hambre no constituye próximamente un problema técnico.  Existe técnicas de producción extraordinariamente eficaces y  la producción de alimentos es superior al crecimiento de la población mundial, pero están pesimamente distribuidas. 20% de la humanidad dispone por mal disfrute del 80% de los medios de vida, mientras que un 80% de la humanidad  debe centrarse tan solo con el 20% de dichos recursos vitales. La distribución es, pues, desigual, injusta y pecaminosa. 
Como ya dijo Gandhi, esa pobreza que es producto del hombre “constituye un insulto; es una pobreza que envilece, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu… cuando no la propia alma; es la forma de violencia más asesina que existe”.
Lo que ocasiona, esta perversa situación es la falta de sensibilidad ética

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS
A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - ENERO 2020

Por la evangelización: Promoción de la paz en el mundo.
“Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan la paz y la justicia en el mundo”.

COMENTARIO PASTORAL

Vivimos tiempos de guerra y violencia en muchas partes del mundo. Ya no se trata de guerras de nación contra nación, como en los tiempos pasados. La falta de paz afecta a casi todas las sociedades humanas. ¿Por qué esto es así? Porque no hay fraternidad entre los hombres, porque la justicia se vende al mejor postor, porque muchos gobernantes se ríen de la ética y de la moral, y con eso el mal ejemplo cunde hacia abajo y el que puede abusar de los demás lo hace. De esa manera las sociedades se disuelven y se hace realidad el fatídico pensamiento del filósofo inglés Thomas Hobbes: el hombre es lobo para el hombre.

No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no hay futuro. Esto vale para la economía, la política, la justicia, la ecología. No es una frase rimbombante. Es una realidad actual, que irá haciéndose más apremiante en el futuro. Esta debe ser la consecuencia más directa del mandamiento de las religiones cristianas, pronunciado por Jesús: Ámense unos a otros como yo les he amado (Jn 15,12). Y él lo hizo hasta dar la vida por nosotros. Todas las religiones cristianas y también las que no lo son respetan a los otros, los ven como iguales, quieren y procuran su bien. Por eso el Papa recalca la frase: “No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios”.

Si hacemos discriminaciones por razones religiosas, si rechazamos a otros por motivos de creencias y prácticas religiosas, no merecemos llamarnos cristianos porque no lo somos. En una actitud debemos coincidir todas las religiones, en rechazar el craso materialismo que se ha impuesto por todas partes: ganar dinero a como dé lugar, aun por medio de la extorsión, la corrupción, el robo al erario público, el tráfico de personas y de las drogas. Y la tarea urgente que nos apremia la expresa muy bien el Papa: “Las religiones tienen también la tarea de recordar que la codicia del beneficio vuelve el corazón inerte y que las leyes del mercado actual, que exigen todo y de forma inmediata, no favorecen el encuentro, el diálogo, la familia, las dimensiones esenciales de la vida que necesitan de tiempo y paciencia.”

Los pésimos ejemplos de los que se hacen millonarios de la noche a la mañana por medio del engaño, el abuso y la prepotencia son actualmente los pecados públicos más notorios y que más daño hacen a la sociedad venezolana. Ser voz de los últimos debe convertirse en una consigna para todas las religiones. Sólo así tendrán esperanza los pobres de sobrevivir y caerán en la cuenta de que las religiones no son un capricho de sus fundadores, sino la presencia visible de Dios en un mundo que lo ignora o lo rechaza.

P. Fco. Javier Duplá sj.
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INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS 
A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - ENERO 2020

Por la evangelización: Promoción de la paz en el mundo.
“Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan la paz y la justicia en el mundo”.

COMENTARIO PASTORAL

Vivimos tiempos de guerra y violencia en muchas partes del mundo. Ya no se trata de guerras de nación contra nación, como en los tiempos pasados. La falta de paz afecta a casi todas las sociedades humanas. ¿Por qué esto es así? Porque no hay fraternidad entre los hombres, porque la justicia se vende al mejor postor, porque muchos gobernantes se ríen de la ética y de la moral, y con eso el mal ejemplo cunde hacia abajo y el que puede abusar de los demás lo hace. De esa manera las sociedades se disuelven y se hace realidad el fatídico pensamiento del filósofo inglés Thomas Hobbes: el hombre es lobo para el hombre.

No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no hay futuro. Esto vale para la economía, la política, la justicia, la ecología. No es una frase rimbombante. Es una realidad actual, que irá haciéndose más apremiante en el futuro. Esta debe ser la consecuencia más directa del mandamiento de las religiones cristianas, pronunciado por Jesús: Ámense unos a otros como yo les he amado (Jn 15,12). Y él lo hizo hasta dar la vida por nosotros. Todas las religiones cristianas y también las que no lo son respetan a los otros, los ven como iguales, quieren y procuran su bien. Por eso el Papa recalca la frase: “No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios”. 

Si hacemos discriminaciones por razones religiosas, si rechazamos a otros por motivos de creencias y prácticas religiosas, no merecemos llamarnos cristianos porque no lo somos. En una actitud debemos coincidir todas las religiones, en rechazar el craso materialismo que se ha impuesto por todas partes: ganar dinero a como dé lugar, aun por medio de la extorsión, la corrupción, el robo al erario público, el tráfico de personas y de las drogas. Y la tarea urgente que nos apremia la expresa muy bien el Papa: “Las religiones tienen también la tarea de recordar que la codicia del beneficio vuelve el corazón inerte y que las leyes del mercado actual, que exigen todo y de forma inmediata, no favorecen el encuentro, el diálogo, la familia, las dimensiones esenciales de la vida que necesitan de tiempo y paciencia.” 

Los pésimos ejemplos de los que se hacen millonarios de la noche a la mañana por medio del engaño, el abuso y la prepotencia son actualmente los pecados públicos más notorios y que más daño hacen a la sociedad venezolana. Ser voz de los últimos debe convertirse en una consigna para todas las religiones. Sólo así tendrán esperanza los pobres de sobrevivir y caerán en la cuenta de que las religiones no son un capricho de sus fundadores, sino la presencia visible de Dios en un mundo que lo ignora o lo rechaza.

P. Fco. Javier Duplá sj.